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Protesta
hemisférica contra privatización telefónica
Carmelo
Ruiz Marrero / agosto de 1998
Los
voceros del gran capital, los ideólogos de la nueva
derecha y los líderes del partido de gobierno nos
dicen hasta la saciedad que la huelga de los telefónicos
y la huelga nacional de 48 horas contra la privatización
son una aberración. Dicen ellos que el mundo se mueve
en dirección opuesta: hacia los mercados libres y
abiertos y hacia la reducción del tamaño del
estado. Según este discurso neoliberal, las protestas
contra la privatización son un anacronismo bochornoso
causado por ciertos sectores socialistas de antaño
que no están al tanto de la realidad internacional.
Sin
embargo, la privatización de las telecomunicaciones
ha provocado grandes protestas por toda América Latina,
de proporciones similares a las que se han visto en Puerto
Rico. Contrario a lo que nos dicen los proponentes de la
privatización, la protesta boricua es parte de un
movimiento de oposición que llega hasta Suramérica.
En mayo
de 1994 la compañía Telefónica del
Perú, S. A., fue vendida en un 35 porciento a Telefónica
Internacional S. A. (TISA), compañía española
que es aquí dueña mayoritaria de Telefónica
Larga Distancia y competidora de GTE en la compra de nuestra
Telefónica. Como parte de la venta, TISA posee un
contrato para administrar a Telefónica del Perú.
¿Fue
la entrada de TISA lo mejor para Perú? Los abonados
y los trabajadores ciertamente no lo creen así.
El 14
de agosto del año pasado se llevó a cabo una
masiva marcha de protesta contra los abusos que la recién
privatizada compañía telefónica comete
contra sus empleados y clientes, entre éstos: costos
indebidos, alzas extravagantes en las tarifas, enriquecimiento
voraz a costa del pueblo peruano, política antiobrera
e incumplimiento de obligaciones contractuales.
Entre
las obligaciones contractuales que los administradores españoles
violaron de manera descarada está la sexta cláusula
del contrato: respetar la estabilidad laboral, salvo en
casos de faltas graves o retiros voluntarios.
Esa
cláusula no ayudó en nada a la fuerza trabajadora.
La compañía privatizada despidió sobre
6500 empleados, más de la mitad de la nómina.
TISA
ha recurrido a una diversidad de tácticas para burlar
la sexta cláusula. Por ejemplo: unas supuestas evaluaciones
de desempeño y productividad descritas como "amenazantes",
"retiros voluntarios" que son el producto de brutales
métodos de presión sicológica, y programas
de empleo juvenil. En estos últimos se sustituyen
los empleados regulares por jóvenes que trabajan
por propinas.
Los
empleados telefónicos peruanos denuncian que se les
está forzando a trabajar en jornadas extendidas so
pena de despido. Por supuesto, si TISA no hubiera hecho
despidos masivos, las jornadas extendidas no serían
necesarias.
En un
comunicado de prensa publicado el mes pasado, los sindicatos
telefónicos peruanos informan que "La conducta
antilaboral de Telefónica, que repercute directamente
en la calidad del servicio, no se compara con la velocidad
con que ha recuperado su inversión, y ha obtenido
y sigue cosechando las mayores tasas de rentabilidad como
lo demuestran sus balances anuales de los que tanto se ufanan."
En respuesta
a estos abusos, el 15 de julio se realizó simultáneamente
en las calles de Lima y otras ciudades peruanas la Gran
Marcha Telefónica de Protesta, en la cual los empleados
telefónicos y sectores progresistas repudiaron la
política antiobrera de oídos sordos de TISA.
La situación
de los empleados telefónicos peruanos llegó
a la atención de la Confederación Internacional
de Organizaciones Sindicales Libres (CIOSL), la cual representa
a 125 millones de trabajadores por todo el mundo. Bill Jordan,
secretario general de la CIOSL, escribió una carta
personal al presidente de la Telefónica del Perú
para expresarle su preocupación por el maltrato a
los empleados y para informarle que la Confederación
se solidariza plenamente con las acciones y decisiones de
los sindicatos telefónicos.
La privatización
de las telecomunicaciones está ahora llegando a Brasil,
donde la venta del sistema telefónico está
en proceso. Esta privatización tiene gran importancia
a nivel mundial, no sólo por la suma de dinero sino
por sus aspectos económicos, sociales y políticos.
El que una empresa de ese tamaño pueda ser privatizada
augurará bien para el proyecto neoliberal en América
Latina, en particular en el campo de las telecomunicaciones.
El gobierno
de Fernando Henrique Cardoso dividió la compañía
en doce unidades para facilitar la venta. El valor total
del sistema, según el gobierno, es de $11,600 millones.
La izquierda brasileña sostiene que ese precio es
absurdamente bajo y que éste obedece al interés
de Cardoso en apurar la transacción para poder usar
el dinero en su próxima campaña electoral.
Por
lo menos cien empresas nacionales y extranjeras participan
en la subasta para privatizar el sistema telefónico,
incluyendo a TISA, la compañía italiana Stet,
France Telecom, Portugal Telecom, Bell Canada y firmas estadounidenses
como MCI y AirTouch, al igual que fondos de pensión
e inversionistas brasileños.
Para
facilitar la privatización, el gobierno brasileño
instituyó drásticas medidas de seguridad para
la subasta, incluyendo la movilización de miles de
efectivos de la policía y la contratación
de unos 400 abogados para combatir las docenas de demandas
radicadas por grupos opuestos a la privatización.
En Colombia
también protestan los sindicatos contra la privatización
de la compañía de teléfonos. El gobierno
respondió declarando ilegal el que alguno de los
tres sindicatos colombianos del sector de telecomunicaciones
se vaya a la huelga contra la privatización.
Ya en
1992 el gobierno había declarado ilegal una huelga
de telecomunicaciones y la catalogó como un acto
de terrorismo. Trece dirigentes sindicales fueron arrestados,
enjuiciados y encarcelados por un año antes de que
se retiraran los cargos fabricados contra ellos.
La definición
de terrorismo del gobierno colombiano está establecida
en el decreto #180, que data de 1988. Esta ley impone penas
de hasta 20 años de prisión por interrumpir
servicios como energía, transportación y comunicaciones.
Según
el boletín de solidaridad Colombian Labor Monitor,
"La prohibición de actividades sindicales bajo
estas circunstancias deja a los sindicatos especialmente
vulnerables a los ataques de los escuadrones de la muerte.
Miles de dirigentes y activistas sindicales han sido asesinados
en Colombia en los últimos diez años."