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NUEVA TECNOLOGIA AMENAZA A LA AGRICULTURA

Carmelo Ruiz Marrero

¿De qué sirve una semilla que no se reproduce?

Para los agricultores y los hambrientos del mundo, tal invento no tiene ninguna utilidad ni mérito. Pero para las transnacionales agroindustriales es una mina de oro, ya que, de usarse, los agricultores del mundo no podrán guardar semillas para plantarlas y se verán forzados a comprarlas de nuevo todos los años.

La semilla estéril, conocida por los grupos activistas como la Tecnología Exterminadora (Terminator), ya existe, y la industria de la biotecnología la considera su máximo logro.

Los apologistas y voceros de la industria genética dicen y repiten que la manipulación de genes llevará a la creación de superplantas que pondrán fin al hambre en el mundo de una vez y por todas. Pero en realidad, los desarrolladores de tal tecnología están haciendo todo lo contrario porque a las corporaciones agroquímicas no les interesa alimentar a los hambrientos, sino aumentar sus márgenes de ganancia.

La evidencia arqueológica nos dice que desde hace doce mil años los seres humanos han observado las características de las semillas de las plantas que les son útiles. Aquellas con las características más deseables eran plantadas y las demás eran descartadas, dando lugar así a un sistema de selección artificial y al comienzo de la agricultura como actividad organizada.

Desde entonces hasta hoy, los agricultores no sólo han ido seleccionando las mejores semillas sino que también las han intercambiado libremente. A través de los milenios, esta selección e intercambio ha resultado en la creación de la gran variedad de granos alimenticios que existe en el mundo.

Pero con la semilla estéril, las corporaciones transnacionales tendrán un monopolio mundial sobre la creación y producción de nuevas semillas.

Algún desconocedor de la agricultura podría sugerir que esto no es un problema, ya que el agricultor tiene la libertad de no comprarlas. Pero, ¿Tendrá el agricultor tal opción? Hay que tener en cuenta que en los últimos años el negocio de las semillas se ha consolidado a nivel mundial a una velocidad vertiginosa.

En marzo de 1999 DuPont compró a Pioneer Hi-Bred, la compañía de semillas más grande del mundo. La corporación Monsanto, principal competidor de DuPont, tenía en 1998 en Estados Unidos 85% del mercado de semillas de algodón, 35% del mercado de semillas de soya y 15% del de semillas de maíz. Según el diario Wall Street Journal, la compra de Pioneer Hi-Bred por DuPont coloca la industria de las semillas en Estados Unidos en manos de dos megacorporaciones: DuPont y Monsanto.

Mientras tanto, en Europa el mercado semillero está cayendo bajo el control de gigantes corporativos, como el conglomerado agrofarmacéutico suizo Novartis.

Estas corporaciones se están adueñando de la biodiversidad agrícola del planeta y son las mismas que controlan las aplicaciones comerciales de la ingeniería genética.

Además de esta consolidación corporativa, las agencias gubernamentales, bancos y compañías de seguros probablemente presionarán a los agricultores a usar las nuevas semillas estériles como condición para obtener crédito y/o subsidios del estado. Fue de esta misma manera que los grandes intereses los presionaron décadas atrás para que adoptaran técnicas destructivas e insustentables, como el uso de químicos tóxicos.

Hace apenas unos meses, Monsanto compró por $1,900 millones ($1.9 billion) a la compañía Delta & Pine Land (D&PL), la cual desarrolló la Tecnología Exterminadora y posee su patente. Según D&PL, Monsanto obtendrá ganancias de $1,500 millones anuales con esta patente, ya que con ella logrará forzar a los agricultores a acudir al mercado comercial para comprar semillas todos los años.

Protesta global

"Esta patente va a ser un detonante para activar el gen de la avaricia", advierte Camila Montecinos, del Centro para Educación y Tecnología de Chile, en un artículo publicado en la revista uruguaya Biodiversidad.

"Hay demasiadas ganancias en juego para que las compañías las ignoren. Los gobiernos deberían ilegalizar el empleo de esta tecnología. Se trata de una tecnología inmoral, que roba a las comunidades su derecho milenario a guardar semillas y su papel de mejoradores de plantas. No existe ninguna ventaja agronómica para el campesino. El único objetivo es facilitar el control monopólico y el único beneficiario es la agroindustria."

Neth Daño, de la organización activista SEARICE, en las Filipinas, quien considera que esta nueva tecnología es una amenaza para el medio ambiente y para la seguridad alimentaria a largo plazo, sostiene que "la Tecnología Exterminadora restringirá gravemente las opciones del campesino. Es una amenaza para la cultura del intercambio y de compartir las semillas."

La organización canadienses Rural Advancement Fund International (RAFI) está circulando a nivel mundial una petición al Departamento de Agricultura de Estados Unidos para que desautorice el uso de la Tecnología Exterminadora.

"Esta tecnología no tiene beneficio agronómico alguno. Esto no es progreso, esto es una amenaza a la seguridad alimentaria global. La Tecnología Exterminadora es anti-agricultor y anti-biodiversidad. Es moralmente inaceptable y debe ser prohibida", dice la petición.

Esta tecnología de esterilidad presenta un riesgo incalculable para el medio ambiente. Numerosos científicos advierten que bajo ciertas condiciones el gen de la esterilidad puede viajar mediante el polen a otras plantas alrededor. En el peor de los casos, ocurriría una catástrofe alimentaria y ecológica mundial que sería irreversible.

Terminator, parte dos

Pero hay más. Las corporaciones transnacionales metidas en este negocio están ya perfeccionando la segunda generación de la Tecnología Exterminadora. Se trata nada menos que de semillas muertas que resucitan sólo con la aplicación de químicos especiales que sólo las transnacionales pueden proveer. Esto aumentaría la dependencia del agricultor a extremos sin precedente.

Por ejemplo, Monsanto podría vender semillas que sólo germinan con el pesticida tóxico Roundup, el cual es producto de la misma Monsanto.

RAFI y otros grupos activistas alrededor del planeta están cabildeando a los gobiernos del mundo para que prohíban el uso de estas nuevas tecnología. Dan Glickman, secretario de agricultura de Estados Unidos, recibió para marzo de 1999 casi 7 mil cartas de protesta exhortándole a que se ilegalice la Tecnología Exterminadora.

Para información adicional: http://www.rafi.org/

http://www.grain.org/index-s.htm

El autor es investigador asociado del Instituto de Ecología Social en Vermont, EE.UU.