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MEGATIENDAS
DESTRUYEN ECONOMIA Y ECOLOGIA
Carmelo
Ruiz Marrero / 28 de septiembre de 1999
La diferencia
más obvia entre el Puerto Rico de hoy y el de hace
veinte años es la proliferación masiva del
concreto en las áreas rurales y en la periferia del
área metropolitana. La expresión más
llamativa de este desparramamiento son las megatiendas y
supercentros comerciales. Pero el impacto de estos supercomercios
van mucho más allá del aspecto estético.
Según economistas y ambientalistas puertorriqueños,
los Wal-Mart y otras megatiendas tienen efectos desastrosos
sobre la economía y el balance ecológico.
La construcción
de supercentros comerciales y megatiendas "está
abriendo las puertas a nuevas tiendas que competirán
directamente en el mercado local, representando una seria
amenaza a la estabilidad económica de los pequeños
y medianos comerciantes establecidos en nuestros pueblos.
Esto es la ley de la selva", planteó Frank Jimmy
Sierra, catedrático auxiliar de la Pontificia Universidad
Católica y consultor en estudios de viabilidad para
comercio, en un estudio hecho para el Centro Unido de Detallistas.
Según
Sierra, "La proliferación de centros comerciales
en la periferia de los municipios y la competencia desleal
y desigual de grandes tiendas en cadenas de Puerto Rico
amenaza la permanencia de los pequeños y medianos
comerciantes, y de los artesanos, un oficio que ha ido desapareciendo
poco a poco y con ellos una tradición cultural e
histórica."
Acerca
de los empleos que crean las megatiendas, Sierra explicó
que "Las grandes cadenas comerciales no generan empleos
permanentes en nuestra economía a largo plazo, sino
que generan "sub-empleos" a corto plazo. Por cada
sub-empleado a tiempo completo que genera una cadena comercial
se perderá de uno a uno y medio empleo en los comercios
tradicionales."
Según
Edwin Irizarry, profesor de economía en el Recinto
Universitario de Mayagüez, en Puerto Rico no hay cama
para tanta megatienda. "La proliferación de
megatiendas está causando una saturación del
espacio comercial. Es decir, que la oferta excede la demanda.
La cantidad de estos negocios está creciendo más
rápidamente que el poder adquisitivo del consumidor
puertorriqueño, entre otras razones porque los salarios
no están subiendo. Se asume un poder aquisitivo que
no hay."
Irizarry
sostuvo que a pesar de su aparente prosperidad, estos enormes
negocios operan a duras penas. "Cuando abren tienen
un boom inicial, ya que los consumidores de áreas
cercanas vienen a novelerear. Pero después de eso
comienzan a despedir empleados y a veces hasta tienen que
cerrar."
Un ejemplo
que nos dió el profesor es el de la supercadena de
ropa para niños Kids R Us, que cerró operaciones
al poco rato de venir a Puerto Rico. Otro ejemplo es Builders'
Square, que también cerró y acabó vendiendo
sus tiendas a la cadena puertorriqueña Massó.
En ambos casos, se sobreestimó la demanda. A esto
se debe añadir el cierre de cadenas que llevaban
años y hasta décadas de establecidas, como
Woolworth, González Padín y NY Department
Stores.
"Esta
expansión descontrolada no se puede mantener por
mucho más tiempo", aseguró Irizarry,
quien es también secretario general del Partido Independentista
Puertorriqueño y su candidato a comisionado residente
en las próximas elecciones. El economista advierte
que podríamos presenciar en los próximos años
el cierre de centros comerciales enteros.
"Eso
fue lo que ocurrió en Estados Unidos. En la década
de los 80 hubo un pronóstico de crecimiento poblacional
para la Florida, lo cual provocó un boom en la construcción
de tiendas y centros comerciales. Ese crecimiento esperado
no se dió y en los 90 hubo que cerrar centros comerciales
enteros. Eso podría ocurrir aquí."
Irizarry
añade que el daño que hace la proliferación
de megatiendas es esencialmente irreversible. "Una
vez las megatiendas tomen esas tierras, éstas no
podrán ser devueltas a la agricultura y la conservación.
Y aquí en Puerto Rico el recurso más escaso
es latierra".
A pesar
de que las megatiendas son negocios privados, el gobierno
desempeña un rol determinante en esta polémica.
"El gobierno ha hecho posible esta expansión
descontrolada con su actitud liberal de dar permisos a todos
los desarrollos y de no reglamentar nada", manifestó
Irizarry.
Desastre
ecológico
"Las
megatiendas, como Wal-Mart, tienden a establecerse en tierras
agrícolas e impermeabilizan grandes extensiones de
terreno, lo cual causa grandes problemas de sedimentación
y erosión", dijo la consultora Sarah Peisch,
del Centro de Acción Ambiental.
"Puerto
Rico tiene actualmente 22 millones de pies cuadrados de
centros comerciales, sin contar los pasillos y estacionamientos",
informó Peisch, citando datos de la firma Estudios
Técnicos.
La consultora
ambiental señaló la familia Fonalleda, dueña
de Plaza las Américas y Plaza del Caribe, como pionera
en la práctica de convertir tierras agrícolas
en centros comerciales. Plaza las Américas y Plaza
del Caribe son el primer y cuarto centro comercial en tamaño
en Puerto Rico, respectivamente.
Plaza
las Américas, localizada en una antigua vaquería
de los Fonalleda, ocupa un área de 1.74 millones
de pies cuadrados. Para el año que viene, se estrenarán618
mil pies cuadrados adicionales.
"Los
centros comerciales dan impulso a la construcción
de autopistas, lo cual también causa destrucción
ambiental. Y eso desata un círculo vicioso",
planteó Peisch.
"Wal-Mart
siempre se establece en la periferia de las áreas
urbanas, lo cual contribuye al desparramamiento urbano",
declaró Juan Rosario, portavoz de Misión Industrial.
Rosario añadió que Wal-Mart sabe de antemano
dónde se construirán las autopistas y dónde
estarán las entradas.
Wanda
Colón, portavoz de las Comunidades Opuestas a la
Ruta 66, afirmó que la construcción de autopistas
promueve la construcción de centros comerciales y
viceversa. Dió como ejemplo la Ruta 66, ahora en
construcción y que se supone que vaya desde Canóvanas
al área metropolitana, que se está construyendo
en función de proyectos comerciales. En Canóvanas
se propone una supertienda llamada- irónicamente-
Rainforest Outlet, que estará paralela a la Ruta
66.
Ante
esta invasión de megatiendas, Peisch propone que
se ponga en pie un movimiento para apoyar el comerciante
local. "Cuando compramos en pequeños negocios
de dueños locales, quizás gastemos unos cuantos
centavos más por artículo, pero no gastamos
la cantidad de tiempo y gasolina que toma comprar en Wal-Mart."
"Esta
situación plantea la necesidad de formar frentes
comunes y trascender los pequeños intereses sectoriales",
expresó Juan Rosario. "Comerciantes, trabajadores
y ambientalistas están en el mismo lado de la cancha
en este asunto."