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Globalizacion
y neoliberalismo: El culto a Mammon
Por:
Juan Antonio Acevedo
Sacado
de el Periodico Claridad (9-15 de enero 1998)
"El
oeste ha sacrificado la justicia en nombre de la libertad
en el altar de la divina productividad. El este ha sacrificado
la libertad en el nombre de la justicia en el mismo altar.
El sur se pregunta si tal dios merece el sacrificio de nuestras
vidas"
EDUARDO GALEANO
"La
raiz de todos los males es la ambición al dinero"
(1 Timoteo 6, 10)
No hay duda de que el fenómeno de la globalización
es un hecho económico innegable y a sido objeto de
incontables estudios desde diferentes perspectivas, incluyendo
su repercusión ètica, pues, desde esta dimension
ètica es que quisiera enfocar mi reflexión
como una forma no sólo de aceptar su realidad social
sino tambièn como punto de referencia para poder
tomar distancia frente al mismo. Y así poder identificar
los mecanismos pseudoreligiosos que lo alimentan. Es importante
distinguir entre la globalización como un hecho social
y su interpretación como ideología económica.
La globalización persigue que las economías
de los países, especialmente los subdesarrollados
sean abiertas y flexibles sometidas al arbitraje de los
mecanismos financieros internaccionales más allá
de toda barrera proteccionista.
La
globalización conlleva la privatización de
las empresas estatales, porque se piensa que la empresa
privada siempre es más eficiente que la empresa pública,
aún cuando los diferentes hechos de corrupción
administrativa de muchas de ellas pone en tela de juicio
dicho principio. La globalización busca que se desarrollen
"bienes y servicios mejores y más baratos,con
la consiguiente capacidad para poder competir en los mercados
mundiales". En este sentido estamos experimentando
una"liberación de los mercados financieros monetarios,
que está produciendo una enorme inestabilidad económica
y un flujo de capital financiero, de tipo especulativo,
cuyo poder es mayor que cualquier otro estado. Incluso el
flujo de actividades especulativas que se dan sólo
en un día puede ser mayor que las resrvas monetarias
de todos los gobiernos de los G-7 (Jose R. de la Rosa: Estudios
Filosoficos: 1996,P 516-526).
La
globalización colleva una "economía sin
fronteras", cuyo proceso se acelera por una revolución
tecnológica en las comunicaciones y en la producción,
y por la libre circulación de capitales internacionales
que integra muchos países en una aldea económica
global, de las finanzas y las comunicaciones cuyos resultados
son una aparente homogeneidad cultural. La globalización
como proceso económico prescinde de un marco jurídico
y estatal que regule el mercado porque èste supuestamente
es capaz de autorregularse a travès de la oferta
y la demanda (Jose L Callejas: Moralia: 1997,p 234). De
esta forma la empresa como intercambio de bienes y servicios
tambièn se convierte en tierra de nadie, pues tiende
a agudizar el conflicto entre el mundo del trabajo y el
capital, y en Puerto Rico, sobre todo con la política
neoliberal del gobierno querer privatizar la Compañia
Telefónica no ha sido la excepción. La globalización
económica busca que los estados nacionales se vean
forzados a aplicar las políticas financieras que
dictan las multinacionales, el Banco Mundial, el FMI, aunque
esto conlleve un gran costo social hacia el pueblo trabajadora.
La globalización como una política internacional
promueva una separación cada vez más marcada
entre los pobres y los ricos cuyo resultado es el surgimiento
de un nuevo tipo de "segregación o apartheid
social". Cuando identificamos algunas estadísticas
sobre el desarrollo mundial, nos percatamos de esta cruda
realidad social. Por ejemplo, en 1989, la quinta parte de
la población mundial disponía del 82.7% del
ingreso, 81.23% del comercio mundial, el 94.6% del ahorro
y el 80.56% de la inversión. Mientras la quinta parte
más pobre tenía 1.4% del ingreso, el 0,95
del comercio, 0.2% de los prèstamos comerciales,
0.98% del ahorro y el 1.25% de la inversión. El banco
mundial señala que existen 1,116 millones de personas
con un poder de compra de 370 dolares al año, aunque
sabemos que esta definición de pobreza responde a
los parámetros económicos de los paises ricos,
ya que además, existen millones de personas que su
poder adquisitivo está por debajo de los 270 dolares
anúales.
El
valor de los prèstamos de los grandes bancos del
mundo subió a 783,000 millones de dólares,
de èstos el 87% se hicieron en los paises ricos.
La diferencia en el ingreso "per capita" entre
el mundo desarrollado y el subdesarrollado se triplicó
de 5,700 dólares en 1970 a 15,400 millones en 1993.
Inclusive el informe sobre el desarrollo de 1996 informó
que los activos de las 358 personas más ricas del
mundo iguala al ingreso conbinado de 45% más pobre
de la población mundial, es decir de 2,300 millones
de personas mientras en 1960, el 20% más rico tenía
un ingreso de treinta veces mayor que el 20% más
pobre, en 1990, esta diferencia subió 60 veces. (CF.B.Cuesta:Estudios
Filosóficos: 1996, P.468).
Según
la revista Forbes, en Estados Unidos las 440 personas más
ricas suman un total de 125,000 millones de dólares,
equivalentes a los ahorros del resto de la población
con un total de 126,000 millones de dolares. Estas estadísticas
nos muestra cómo a escala mundial, la economía
globalizada expresa la forma simbolica de una "copa
de champán", en la cual los que están
en la cúspide disfrutan del más del 82% de
los bienes producidos mientras la mayoría pobre que
está en el fondo de la copa, le toca las restantes
migajas. La globalización está produciendo
un nuevo tipo de pobreza, la pobreza multidimensional, en
la cual los pobre estan excluidos de derechos tan básicos
como: la salud, la educación, el vestido, la comida,
el trabajo, en fin, de una vida autènticamente humana.
En este sentido la supuesta interdependencia que la globalización
promueve no significa un desarrollo integral, igualitario
y participativo.
Y
ante este desolador panorama uno no deja de preguntarse,
que valoración ètica le podemos dar a este
situación de muerte y exclución? El conocido
teólogo de la liberación Leonardo Boff señala
como un deber ètico exigido a los paises ricos, que
un dia fueron colonizadores, ellos, al explotar las colonias
constituyen la primera acumulación para el salto
a la modernidad y la industrialización. Por un imperativo
de justicia y no de caridad social, los paises ricos deberían
conceder un salario de supervivencia a los que hoy son pobres
y ayer eran colonizados (Concilium,#2261, 1995, P.847)
Recientemente
en la revista "Selecciones de Teología"
se publicó un artículo titulado " El
neoliberalismocomo religión", en el cual el
autor enfatiza que para entender a toda su profundidad de
la ideología neoliberal es imprescindible no sólo
distinguir sus fundamentos económicos y políticos
sino tambièn su sistema valorativo, expresado en
las connotaciones sacrales y mágicas del mercado
que supuestamente hace posible que los vicios personales
se transformen en virtudes sociales. Detras de esta idea
tenemos el concepto de la "mano invisible" de
Adan Smith. Es la versión secularizada de lo divino
en el campo de la economía, y que Marx denunció
como una "fetichización de la mercancía".
Sin embargo, "....no será acertado afirmar que
la mano invisible lo que hace es que los vicios privados
se convierten en beneficios privados porque no existe de
verdad un equilibrio de fuerza ni una igualdad de condiciones
para promover la justicia social?" (Tony Misfud: Medellin#85,
1996, P 144)
Esta
manifestación idolátrica del mercado contiene
varias vertientes. La primera consiste en que el neoliberalismo
mediante el mercado subordina todos los aspectos de la vida
a su lógica voraz. En un segundo lugar, el neoliberalismo
ve la pobreza como un proceso natural en el cual los más
fuertes imponen su voluntad hacia los más dèbiles
(Darwinismo Social). En tercer lugar, la globalización
niega en la práctica que los pobres sean sujetos
de una dignidad y derechos humanos. por ese se les cosifica,
se venden o se explotan como cualquier otra mercancía.
En cuarto lugar, el neoliberalismo dogmatiza el mercado,
pues èl mismo es capaz de autorregularse, y sabe
mejor que nadie cuáles son nuestras necesidades.
En quinto lugar, las empresas, mercancías y el capital
pasan por un proceso de personalización y por medio
de la publicidad se le dan cualidades casi humanas. Las
personas se le convierten en productos por eso se ve como
algo normal que se le puedan sacrificar.
Ante
esta situación económica no está de
más recordar lo señalado por la filosofa española
Adela Cortina, de que "la satisfacción de los
derechos básicos es una responsabilidad social de
justicia, que no puede quedar exclusívamente en manos
privadas, sino que sigue haciendo indispensable un nuevo
estado social de derecho, un estado de justicia, no de bienestar".
Esto se debe a que la existencia del estado como configuración
ètica es anterior al mercado ya que su función
social se fundamenta en la dignidad de la persona humana,
y èste está llamado a aplicar de solidaridad
y subsidiaridad hacia las clases más dèbiles
que componen la sociedad.
La
ideología de la globalización representa "un
nuevo totalitarismo inspirado en el individualismo y el
materialismo que mediante la centralización de la
riqueza, la tècnica y las telecomunicaciones busca
controlar toda la vida social tanto de las personas como
de los pueblos". Estamos ante un sistema que mediante
una pseudo mística mesiánica busca instrumentalizar
el aspecto religioso de la vida humana en aras de justificaciones
económicas. Un claro ejemplo de esta manipulación
religiosa están contenida en la visión del
director del FMI, Michel Candessus, cuando afirmó
que a travès del mercado estamos llamados a "anunciar
la buena nueva a los pobres para aliviar sus penas y sufrimientos"
o en la casi blasfema frase de Michael Novak de ver en la
"Business Corporation" o multinacionales",
como si fueran una nueva manifestación histórica
de jesucristo. Pero, lo que en realidad se pretende defender
"un culto idolátrico y un holocausto sacrílego
que sienta las bases económicas de un "club
de ricos", que aunque profesa que todos somos iguales
y estamos llamados a participar, en realidad excuye a la
gran mayoría."( Jose M.Mardones: Capitalismo
y Religión: 1991,p 278-287). Esto es una nueva manifestación
del pecado de simonía, es decir, querer comprar los
bienes de Dios mediante la fuerza del mercado o del dinero
(hch, 8,18). Por desgracia tambièn tenemos entre
nosotros estos nuevos meraderes del templo que hacen que
la religión un lucrativo negocio.
Esta
idolatría del mercado distorsiona lo que debe ser
una autèntica alteridad económica, pues, ya
no se trata de satisfacer nuestras más apremiantes
necesidades, sino el crearlas a travès del consumismo
como una etapa necesaria para que una minoría disfrute
de todos los beneficios que produce el monopolio del capital.
Es el triunfo de la "mercancía absoluta",
la cual nos lleva del axioma cartesiano: "pienso luego
existo", la axioma económico: "consumo,
luego existo". Aquí, la libertad deja de ser
un derecho de todos para convertirse en un privilegio de
unos pocos. Según el teólogo Jon Sobrino,
esta idolatria del mercado manifiesta una dinámica
precisa y perversa, pues no sólo viola el primer
y segundo mandamiento de querer manipular lo divino para
provecho personal y económico, sino tambièn
el sèptimo mandamiento: no robar. No robarás
aquellos bienes que dios a destinado para el uso de todos(as).
Tambièn se viola el quinto mandamiento: no matar.
Se mata con la persecución de los escuadrones de
la muerte con salarios de hambre, con la pobreza. Decían
los padres de la iglesia "alimenta al pobre, porque
si no lo alimentas lo matas". La vida y la dignidad
de las personas no pueden estar sujetos a los caprichos
competitivos del mercado, porque son valores que lo trascienden.
Y por último, "para ocultar o justificar las
violaciones a los mandamientos anteriores se viola entonces
el octavo mandamiento: no mentir. Se nos dice que èsta
es la nueva forma de promover la justicia social y el bien
común" (Christus:1996, p,17).
La
economía globalizada, en vez de aplicar la solidaridad
hacia los pobres mediante una justicia distributiva a escala
internacional, los penaliza, los aniquila progresivamente.
El sistema no persibe que la nueva forma de dios manifestarse
es mediante el rostro oculto y humillado del pobre (MT 25,
31-46). Una visión trascendente del ser humano es
la que hace posible que le respetemos en su dignidad y derechos
humanos, evitando cosificarlo en haras de nuestros deseos
y caprichos. Por eso "el establecimiento de mercados
mundiales puramente capitalista con sus agentes e instituciones,
es rechazable no sólo por razones ecológicas
y sociales, (en los cuales todo se instrumentaliza, se usa
y se desecha), sino tambièn por razones teológicas.
El simple acrecentamiento del dinero a costa de la vida
es un ídolo, es Mammon". (U. Duchrow: Concilum:
#270, 1997, p.260)
El
autor es profesor de ètica y pensamiento social.